"No desesperes, ni siquiera por el hecho de que no desesperas. Cuando todo parece terminado, surgen nuevas fuerzas. Esto significa que vives" Franz Kafka. (1883-1924)

The Scream (Munch)

The Scream (Munch)

martes, 22 de mayo de 2012

Soledad no es igual a tristeza...



"La soledad, si bien puede ser silenciosa como la luz, es, al igual que la luz, uno de los más poderosos agentes, pues la soledad es esencial al hombre. Todos los hombres vienen a este mundo solos y solos lo abandonan"
(Thomas de Quincey)



Si hace unos años me hubieran dicho que escribiría esta entrada no me lo habría creído. Yo también era una de esas personas que asociaba la soledad a un estado de profunda tristeza. Tras mucho reflexionar sobre el porqué de esta asociación automática inherente a la naturaleza humana, he llegado a la conclusión de que estar solo no conduce necesariamente a sentirse triste y abrumado. Sólo una mala gestión de nuestra libertad puede convertirse en la causante de que la soledad se convierta en un pesar abrumador.

Aún a día de hoy pronuncio muchas veces esa tan manida frase que tantas veces me he repetido a mi misma: "Estoy triste porque me siento sola". Y esto era una más de mis formas de soberbia. Uno mismo se condena a la soledad cuando se encierra en sí mismo y niega los mensajes que le llegan del exterior. Y en ese proceso de negación se produce en nosotros un desgaste que termina por dejarnos verdaderamente solos. Cuando nos creemos en posesión absoluta de la verdad, cuando nos victimizamos una y otra vez, día tras día, colocándonos en el centro de universo y nos colocamos la etiqueta de "los más desgraciados del mundo", se nos hace muy complicado ver más allá del bosque que construimos sólo y exclusivamente para nosotros mismos. Es como si de forma automática uno se dijera a sí mismo: "Estoy solo y ya". No admitimos discusión, no vemos más allá de lo que nos ocurre y de un plumazo convertimos el mundo en un universo minúsculo donde sólo nosotros tenemos cabida. 

¿ No es tremendamente egoísta creerse una víctima de la vida? A todos nos pasan cosas desagradables, a mi me han pasado muchas, pero.. ¿ ahí se termina todo? ¿ Es eso suficiente para tirar la toalla y acomodarse en un rol de espectador perpetuo, que además de no hacer nada por cambiar juzga a quienes se supone que tendrían que ayudarnos sin nosotros pedir ayuda jamás? No lo creo. Y me alegro de haber llegado a este punto de no creerlo porque ahora me siento más humana y menos sola. Porque nunca lo estuve. Otra cosa es que no siempre estuviera en la compañía que hubiera deseado. 

Al fin y al cabo, cada uno de nosotros somos los responsables de cómo conducimos nuestra vida. Y, en ocasiones, olvidamos, olvido, que sólo tenemos una, y que discurre más deprisa de lo que pudiéramos imaginar. Aún así, siempre, aún en el último segundo de la misma, queda tiempo para rectificar, para rectificarnos a nosotros mismos y bajarnos del pedestal inalcanzable en el que por miedo, soberbia o egoísmo nos alzamos. Yo ya no quiero ver la vida desde lo alto ni quedarme sentada a ver cómo pasa. Ser un observador perpetuo me parece un sinónimo de cobardía y la vida no es de los cobardes. 

Así que yo me bajo de las alturas. He permanecido demasiado tiempo aquí, inmóvil, lamentándome por lo que pude haber hecho y no hice, por lo que habría podido conseguir y no logré. Y, hoy, con los pies a ras del suelo, me siento más yo, mucho menos sola y cada vez más lejos de instalarme en una tristeza eterna, y.. nunca lo habría pensado, pero mola....

sábado, 5 de mayo de 2012

Borremans, Borremans.....





"Nuestra amistad no depende de cosas como el espacio y el tiempo"
(Richard Bach)



Te extraño pero te siento cercano. Cierro los ojos y es como si estuvieras aquí a  mi lado, haciéndome reír o acariciándome el pelo ante las miradas de los curiosos que cuchicheaban sobre sobre qué tipo de relación era la nuestra. Te sueño tal y como te conocí: pausado, armonioso, bello. Vuelvo a sonreír a solas recordando esa tímida mueca tuya mezcla de alegría y nostalgia que esbozas cuando te sientes comprendido sin necesidad de hablar. Y te confieso que derramo alguna lágrima cuando la vida se me pone difícil y necesito entrelazar mis manos con las tuyas y sentir que en tu compañía estoy a salvo.

Orgullosa me siento de haberte conocido y de haberme hecho un hueco en tu corazón de artista. Pero apenas las lágrimas resbalan hasta mis labios, rememoro tus carcajadas, ésas que sé que no finges porque tan solo te nacen cuando eres tú mismo. Cuando el artista se ha ido a dormir y vuelves a ser Santi, mi amigo, mi hermano, mi cómplice en la distancia.

No hay océanos ni kilómetros de distancia suficientes para que yo deje de pensarte cada día. Para que olvide la elegancia que derrochas en casa cosa que haces, a cada paso que das, a cada sorbo de mate... Ni la más bella bailarina del Bolshoi se anuda una trenza como tú lo haces, con esa gracia sutil con la que endulzas todas y cada una de las cosas que haces, por más insignificantes que parezcan. 

Por ti siento mucho más que un cariño al uso. Yo te amo en la forma más pura del amor. En la más auténtica, en la que nace de la profunda admiración y que no busca materializarse en lo físico. Y te amo porque no hacerlo me sería imposible. Te amo porque tú eres amor, belleza, dulzura e inteligencia. Deja abierta la ventana esta noche para que el abrazo que en este instante te envio llegue a tiempo de colarse en tu habitación y te susurre en mi nombre: Buenas noches bello príncipe...


viernes, 4 de mayo de 2012

El que no arriesga....





"No existe la libertad, sino la búsqueda de la libertad, y esa búsqueda es la nos hace libres"
(Carlos Fuentes)



Sí.No. Sí. No... Desde hace días esos dos monosílabos repiquetean en mi cabeza. Digo sí a ser valiente, dejar atrás los conflictos en los que de nuevo me veo inmersa y poner rumbo de vuelta al lugar donde fui más feliz. Pero, de súbito, el NO me inunda y me recuerda que quizá estaría huyendo, que dejaría mucho atrás, que quizá no sería del todo justo saltar del barco y dejar a los demás a merced de la tempestad.. 

Dudo de nuevo y eso me hace sentir vulnerable y me quita el sueño. Y al mismo tiempo sé que es ahora o nunca y que quizá si me amedrento dentro de quince años me arrepentiré de no haber dado el paso ahora.

No me gusta la vida en la que estoy, no soy feliz. Volví siendo feliz pero siento que cada día esa felicidad se va apagando y se convierte en un simple recuerdo. Y no quiero seguir coleccionando cromos en un álbum que nunca termina porque siempre me salen repetidos. Quiero un álbum repleto de colores y sonrisas, de abrazos, de despertares amables e ilusionados, de noches plácidas que no conocen el insomnio. Quiero ser la que fui durante aquellos maravillosos tres meses. Y tan sólo me separa de volver a vivir aquellas sensaciones unas cuantas horas de vuelo, pero dudo, y me siento mal por ello.

Sé que finalmente decidiré mi vuelta, pero mientras, mi cabeza vuelve a  asemejarse a una olla a presión que necesita descanso para poder elegir lo correcto. Mientras me decido te ruego que me esperes, que le recuerdes a la dueña de la tiendecita de al lado de la que fue mi casa que volveré para saludarla cada mañana y llevarme ese litro de leche, "el rojo, sí, el rojo, ése, ése". Que le digas a Sheila, a Luigi, a Santos, a Milagros.. a todos, que los quiero. Y sobre todo te pido, que no me olvides, y que me ayudes haciendo que de mi cabeza no se borren nunca las sonrisas de tus niños, a recoger de nuevo mis cosas y poner rumbo de vuelta....

jueves, 19 de abril de 2012

Instantes....



"Todo el mundo trata de realizar algo grande, sin darse cuenta de que la vida se compone de cosas pequeñas"
(Frank. A. Clark)

"En el rocío de las pequeñas cosas, el corazón encuentra su mañana y toma su frescura"
(Khalil Gibran)



La juventud trae aparejado el deseo irrefrenable de comerse la vida a grandes bocados, de vivir cada día como si fuera el último. Y ese ansía oscurece indefectiblemente la capacidad de dar valor a lo pequeño, a lo aparentemente insignificante. Cuando tenía veinte años, un poco antes de que el caos se instaurara en mi vida, yo también quería eso: alcanzar grandes metas, ser la mejor en todo y por encima de todos y realizar grandes cosas, aunque eso sólo fuera producto de una fantasía. Cierto es que no hay nada de malo en proponerse vivir con mayúsculas. El error, a mi modo de ver, es distinguir lo que realmente es vivir una vida plena de dirigirla únicamente a lo siempre brillante y proveedor de una felicidad continua. Es ahí donde nos equivocamos. Pensamos en una felicidad absoluta que en realidad no existe, nos convencemos que sólo con las grandes acciones nos aseguraremos una vida de película, y no... el paso del tiempo siempre te contesta que no.

Ahora, en la calma que viene tras esa lucha sin tregua con uno mismo, en la posición en la que a uno le coloca la realidad después de muchas batallas y desaciertos, es cuando me doy cuenta de que mi felicidad son instantes. Mi vida no es ni más ni menos que eso, una composición de instantes. Una sonrisa, un beso, un saludo matinal a aquel del que nada sabes pero que también transita por este mundo, me aporta una satisfacción que jamás imaginé. Crecí en una familia en la que siempre nos dijeron que los que se tanto se abrazaban y besaban eran poco menos que tontos. Y yo, me lo creí durante muchos años. Hoy, pasado mucho tiempo, he aprendido a dar esos abrazos en los que el tiempo se detiene y te hace sentir única e intemporal. Y eso es tan bello!

No aspiro a grandes cosas, no quiero una vida falsa enmascarada de éxitos que no lo son. Yo quiero disfrutar los instantes. Quiero ser uno de ellos, y pasear por el mundo coleccionando momentos únicos que rara vez tienen que ver con aquello que tiene precio. Me quiero seguir emocionando con la sonrisa de un niño o con el abrazo de una amigo. Quiero recuperar la inocencia que un día perdí y sé que está en es esos pequeños momentos que hacen que la vida merezca ser vivida. 

A esas metas dirijo mis esfuerzos. Y sé, quizá por primera vez en la vida, que en esta ocasión no estoy equivocada.

martes, 6 de septiembre de 2011

Felicidades papá...



De sobra sé que hoy no celebras tu cumpleaños. Tal y como hablábamos el otro día, las fiestas señaladas en los calendarios familiares son meras anécdotas en comparación con las felicitaciones y reveses que uno puede recibir cualquier otro día. Y hoy, al levantarme y acudir a contemplar cómo estabas en tu cama dormido plácidamente, con el pijama que te compré para hacer aquel paseíllo ineludible de hace casi un mes, he sentido que hoy vuelve a ser tu día. Has nacido de nuevo, y por ello debo felicitarte. Aquel día no sabíamos que ese toro que nunca esperamos tenía un peligro sordo que ni tú supiste apreciar pero que de haberle tocado en suerte a otro espada, le habría mandado a otro mundo. Pero no, le tocó a un hombre fuerte y valiente, a un artista que se alimentaba de su propio miedo para vencerlo. Y así ha sido, el toro hace días que ya desapareció de nuestras vidas y ahora no hay sino que seguir luchando, pero créeme por cosas menos importantes que lo que te ha sucedido. Existen personas, muchas, a las que la vida no les da segundas oportunidades, a ti te regala una tras otra y siempre, siempre, estás en el lugar adecuado en el momento adecuado, y, en este caso concreto, en las manos adecuadas, en las de ese otro artista que conjurado con la fortuna y desafiando al destino te ha salvado la vida.

Y yo, tu hija pequeña, la que tantos desvelos te causa, te quiere hoy todavía más que ayer, te admira por tu valentía y tenacidad y te felicita, una vez más, por ser como eres, por quererme y por haberle echado un pulso ganador a la muerte. Pronto volverás a vestirte de torero, pero esta vez, en la seguridad de que tu suerte te hará invencible por siempre.

Te adoro, aunque eso ya lo sabes.... Felicidades Maestro.





lunes, 5 de septiembre de 2011

Ni idea....



"La mitad del mundo tiene algo que decir, pero no puede; la otra mitad no tiene nada, pero no calla"
(Robert Lee Frost)

"Habla para que yo te conozca"
(Sócrates)



Lo reconozco: no sé de qué escribir ni sobre qué. ¿ Vuelvo a relatar angustias?¿ Relato un decálogo de buenas intenciones? o, ¿repito una y otra vez lo que me da la impresión que no dejo de escribir aquí? Nada de eso me convence. En realidad no sé qué me ha impulsado a abrir este pequeño cuaderno esta mañana. Supongo que intentar que sea lo que sea lo que me ronda la cabeza fluya aún sin tener ningún sentido. Esa "asociación libre de pensamientos" que diría el Dr. Freud.

Apuro el tercer café de la mañana y fumo sin parar en el intento de encontrar una estructura que aporte sentido a este artículo. Trato de aligerar mi mente para sentirme menos pesada, pero no fluyen mis ideas. Están ahí congeladas, esperando salir de alguna u otra forma para aliviarme el pesar cotidiano. Aún sin saber qué relatar conozco muy bien cómo funciona ni mente y cada vez que la aparco de esta manera termina estallando en una amalgama de cristales rotos. Cuando ya no soportan más su encierro se crispan y me ordenan que arrase con todo lo que se me pone por delante. Lo que no pongo en palabras lo actúo, y lo hago de muy mala manera, alentando aún más la certeza de mi mal humor. Vuelve a ser lunes, día fatídico para los que tienen que disfrazarse, sonreír y acudir a sus trabajos. Día maldito para mi al comprobar que no se me espera en ningún sitio para demostrar que soy útil. Deseo con todas mis fuerzas dejar de pensar que mi utilidad como ser humano radica en calzarme unos tacones y teclear a toda máquina en un ordenador generando papeles impolutos que al otro le lleven al convencimiento de que, en realidad merezco mucho la pena. El otro y lo que pensara de mi, el otro y su aprobación, el otro y su demostración de afecto. Pero ¿ hasta cuando? De cuando en cuando me sorprendo de todo lo que he aprendido de las dificultades de la mitad de mi vida; y en otros momentos me sigo sorprendiendo de lo mal que se da aprovechar todo eso que he aprendido. 

Si la paciencia pudiera comprarse... Si pudiera parar el reloj, sentarme un instante y comprender que me queda vida suficiente para comerme ese mundo que a veces me aterra... 
No sé si soy cobarde, perezosa o simplemente malencarada y aguafiestas. Al menos hoy, lunes 5 de septiembre, sigo aquí y eso significa que sigo dispuesta a cambiar las cosas, aún sin brillantes ideas, aún con un futuro incierto, pero sigo aquí, y quiero quedarme con esa sensación de que por más que truene no voy a abandonar la lucha.

lunes, 1 de agosto de 2011

Una voz amiga...

Hace ya unos cuantos días, desde que he vuelto a sentirme superada por los acontecimientos y me he devuelto a mi misma al encierro, que una voz amiga me repite que éste no es el camino adecuado para seguir adelante. Que no me merezco el castigo que me impongo cada vez que mi cabeza se colapsa y no me permite pensar con claridad. Sutilmente me invita a salir de entre mis cuatro paredes y me tiende la mano para que la agarre con fuerza y me reenganche a la vida. Ella sabe de mi tozudez y no insiste pero siempre tiene la palabra adecuada para hacerme pensar, recapacitar sobre mis actos y sobre todo darme el empujón que necesito para poner el pie en la calle y sonreir.

Gracias a ella durante dos días he sido capaz de reirme, poco a poco, yendo de menos a más, pero me ha devuelto la claridad. Esa voz amiga tiene una familia que me alienta desde el silencio. Un padre que, sin decirlo, sabe de mis angustias y me hace ver a cada momento que tengo un sitio en su familia y en su corazón. El que siempre me ve guapa, como cuando era pequeña, y que se empeña en que me adentre en unas rutas gastronómicas que sabe que me disgustan, pero lo hace porque también sabe que esas cosas suyas me hacen sonreir. Ahora quiere enseñarme a jugar al mus y ponerme pelis antiguas. Y puede que no sea consciente de lo que me ayuda cada vez que me transmite la seguridad de que soy útil y necesaria y de que disfruta con mi compañía. Ésta mi otra familia cuenta con una madre aglutinadora, testaruda donde las haya, que, de cuando en cuando me observa pensativa y con ese "Menchita", me invita a dejar de lado los malos pensamientos. Me satisface saber que quizá encuentra en mi alguien con quien poder derramar una lágrima, en la seguridad de que conozco por lo que está pasando, todo lo que calla y la imperiosa necesidad de desahogarse de cuando en cuando para poder seguir ayudando. Ahora amenaza con reclamarme derechos de autor si llevo a una novela las peripecias de su devenir cotidiano, pero ni ella misma sabe todo lo que esa cotidianeidad me ayuda a poner los pies en el suelo cuando comienzan a poner rumbo a mi planeta.

Cuento también con otras dos figuras muy importantes: dos hombres maravillosos, uno más atrevido y espontáneo, con un corazón que suele esconder entre bromas, y con mucha más sensibilidad de la que suele mostrar. Un amante de la buena mesa, enemigo acérrimo de las atracciones infantiles, alérgico al chocolate que en vez de odiar, adora por partida doble. Y, sobre todo, un hombre profundamente enamorado de su mujer, y un estupendo padre para sus dos hijos. La otra figura masculina de esta familia, es más tímido y reservado, aunque ante una mala pasada de la vida en vez de amedrentarse ha decidido beberse la vida a  cada instante y cada minuto me demuestra que los verdaderos problemas son otros. Él se ha encargado de ponerme otros deberes: volver a montar en bici, y ayer le hice caso por unos minutos aún a riesgo de morir tontamente estampada contra un bordillo. 

Y me quedan dos personajes muy importantes. Los pequeños del grupo. Charlie Jr. que vive obsesionado por lo que haré al minuto siguiente, que me pregunta más de cien veces al día si me voy a bañar en la pisci y que lleva la cuenta exacta de cuantas veces me he cambiado de ropa. La princesa Elena es una ratita presumida clavada a su madre, con un carácter que apunta maneras y una vena dramática que me río yo de las estrellas de Hollywood. Por las noches hace una demostración de su capacidad para el ballet, y se pregunta una y otra vez por qué se está portando mal. Me toca de lleno el corazón cuando pronuncia mi nombre con esa lengua de trapo que tanto me hace sonreir.

Éstos son los miembros de mi otra familia, capitaneados por mi amiga de la infancia, la que me da los consejos más consecuentes que nadie, la misma que se agobia cuando sus vástagos deciden declararle la guerra, y la que siempre está dispuesta a acogerme cuando me ve un poco "chiruli" que diría mi sobrino Nicolás. 

Así que no me vale ponerme trágica, empeñarme en creer que sólo yo tengo problemas, o que no merece la pena seguir por este mundo. Tengo la gran suerte de contar con ellos, y creo que esto no está al alcance de cualquiera. Así que sí papá, jugaré al mus y veré esas películas de las que me hablas. Lo de la gastronomía ya lo iremos viendo. Dejaré de pensar tanto, montaré de nuevo en bici aunque me cueste protagonizar más de un video casero, me bañaré en la piscina tantas veces como haga falta, dejaré que Carlos siga creyendo que su Iphone es el mejor del mundo y, sobre todo, os seguiré queriendo un poco más cada día y me sentiré cada vez más orgullosa de formar parte de vuestras vidas.

Sé que no os gusta que os repita una y otra vez esta palabra, pero ante tanta generosidad no puedo más que, de nuevo, deciros: gracias, muchísimas gracias familia....