"La soledad, si bien puede ser silenciosa como la luz, es, al igual que la luz, uno de los más poderosos agentes, pues la soledad es esencial al hombre. Todos los hombres vienen a este mundo solos y solos lo abandonan"
(Thomas de Quincey)
Si hace unos años me hubieran dicho que escribiría esta entrada no me lo habría creído. Yo también era una de esas personas que asociaba la soledad a un estado de profunda tristeza. Tras mucho reflexionar sobre el porqué de esta asociación automática inherente a la naturaleza humana, he llegado a la conclusión de que estar solo no conduce necesariamente a sentirse triste y abrumado. Sólo una mala gestión de nuestra libertad puede convertirse en la causante de que la soledad se convierta en un pesar abrumador.
Aún a día de hoy pronuncio muchas veces esa tan manida frase que tantas veces me he repetido a mi misma: "Estoy triste porque me siento sola". Y esto era una más de mis formas de soberbia. Uno mismo se condena a la soledad cuando se encierra en sí mismo y niega los mensajes que le llegan del exterior. Y en ese proceso de negación se produce en nosotros un desgaste que termina por dejarnos verdaderamente solos. Cuando nos creemos en posesión absoluta de la verdad, cuando nos victimizamos una y otra vez, día tras día, colocándonos en el centro de universo y nos colocamos la etiqueta de "los más desgraciados del mundo", se nos hace muy complicado ver más allá del bosque que construimos sólo y exclusivamente para nosotros mismos. Es como si de forma automática uno se dijera a sí mismo: "Estoy solo y ya". No admitimos discusión, no vemos más allá de lo que nos ocurre y de un plumazo convertimos el mundo en un universo minúsculo donde sólo nosotros tenemos cabida.
¿ No es tremendamente egoísta creerse una víctima de la vida? A todos nos pasan cosas desagradables, a mi me han pasado muchas, pero.. ¿ ahí se termina todo? ¿ Es eso suficiente para tirar la toalla y acomodarse en un rol de espectador perpetuo, que además de no hacer nada por cambiar juzga a quienes se supone que tendrían que ayudarnos sin nosotros pedir ayuda jamás? No lo creo. Y me alegro de haber llegado a este punto de no creerlo porque ahora me siento más humana y menos sola. Porque nunca lo estuve. Otra cosa es que no siempre estuviera en la compañía que hubiera deseado.
Al fin y al cabo, cada uno de nosotros somos los responsables de cómo conducimos nuestra vida. Y, en ocasiones, olvidamos, olvido, que sólo tenemos una, y que discurre más deprisa de lo que pudiéramos imaginar. Aún así, siempre, aún en el último segundo de la misma, queda tiempo para rectificar, para rectificarnos a nosotros mismos y bajarnos del pedestal inalcanzable en el que por miedo, soberbia o egoísmo nos alzamos. Yo ya no quiero ver la vida desde lo alto ni quedarme sentada a ver cómo pasa. Ser un observador perpetuo me parece un sinónimo de cobardía y la vida no es de los cobardes.
Así que yo me bajo de las alturas. He permanecido demasiado tiempo aquí, inmóvil, lamentándome por lo que pude haber hecho y no hice, por lo que habría podido conseguir y no logré. Y, hoy, con los pies a ras del suelo, me siento más yo, mucho menos sola y cada vez más lejos de instalarme en una tristeza eterna, y.. nunca lo habría pensado, pero mola....


